Les envío el relato de mi primera (y única) orgía les. Esto sucedió cuando tenía 18 años y concurría a un gimnasio. La profesora era una mujer de 33 años muy amable, de excelente carácter, sociable y con un lindo cuerpo trabajado. El gimnasio lo tenía en un salón en su propia casa. Por mis estudios yo iba a los últimos turnos y siempre luego del baño, nos poníamos a conversar sobre distintos temas.

Una de esas noches me dijo que necesitaba hacerme una pregunta pero que no me fuera a ofender. Le dije que si no era nada grave no había motivos para enojo alguno. Me dijo que había notado que nunca me venía a buscar algún amigo ni me había visto con alguien de sexo masculino. A todo esto les cuento que el gimnasio quedaba a relativamente pocas cuadras de mi casa.

Le contesté que no me había visto con ninguno simplemente porque los hombres no me gustaban. Me preguntó entonces si era les y le contesté que sí y que me sentía orgullosa de la elección de mi orientación sexual.

Me dijo que algo sospechaba y que ella, a pesar de estar casada, tenía sus pequeñas aventurillas con mujeres también.

Luego de la charla nos despedimos hasta el día siguiente y me pidió si podía ir un ratito más temprano porque le había agradado mucho nuestro sinceramiento.

A mí me picó el bichito de la curiosidad y salí un buen rato antes de la facultad y me fui para el gimnasio. Cuando estaba llegando salía del mismo una sobrina de Miriam, la profe, una adolescente que prometía convertirse en una mujer realmente muy interesante con los años.

Luego de los saludos me preguntó risueña si no quería que practicásemos otro tipo de ejercicios. Intuyendo hacia donde apuntaba le contesté que sí, que estaba dispuesta a experimentarlo con ella porque aparte nunca había estado con una mujer mucho mayor que yo.

Al preguntarle por su esposo me dijo que el mismo era representante de una marca de aparatos para gimnasia y que esa semana había viajado a otras ciudades.

Me dijo que había pensado durante bastante tiempo en tener mi boca a su alcance y que mis pechos la tenían fascinada. Muy suavemente me acerqué para besarla porque desde la noche anterior estaba excitada y tenía deseos de hacerlo.

Fue como encender un volcán.

Prácticamente me comió la boca, su lengua me exploraba toda y sus manos no se quedaban quietas amasando mis senos mientras me decía cochinadas que hacían levantar mi temperatura a mil (cosa que no me cuesta mucho, jaja).

Me llevó hacia su dormitorio donde ya lanzadas nos quedamos como Dios nos trajo al mundo. Yo gozaba visualmente de su cuerpo, que a pesar de ser algo delgado, era bastante antojable. Pechos medianos, piernas fuertes, colita ni chica ni grande pero bien paradita y una vagina apetecible con un pequeño mechón de vellos cubriéndolos.

Estaba copada con mis pechos a los que chupeteaba y mordisqueaba mis pezones que estaban como piedras. Seguía susurrándome suciedades que me volvían loca lo mismo que cuando comenzó a bajar por mi cuerpo hasta llegar a la laguna de mi gruta y comenzó un trabajo devastador. Parecían descargas eléctricas las sensaciones que me hacía sentir mordiéndome mi clítoris y hurgando con dos o tres dedos dentro de mi intimidad.

Luego se fue dando vueltas, sin dejar de mimarme, y se colocó de tal manera que formamos un 69 placentero, deglutiéndonos mutuamente todos los jugos que vertíamos que, a esa altura, eran prácticamente manantiales.

Me hizo orgasmar en un grito como pocas veces he lanzado. El de ella fue más moderado pero igual de intenso (me pareció).

Yo no sé si a ustedes les sucede, pero luego de esos momentos tan sublimes, quedo con mi cuerpo tan sensibilizado que se me hace difícil separarme de la persona que tengo a mi lado en ese momento.

Me encanta para ir relajándome, los besos, las caricias y las palabras dulces y excitantes.

Estábamos limpiándonos con nuestras bocas los líquidos que impregnaban nuestros rostros y bocas cuando me preguntó si alguna vez había estado con dos mujeres a la vez. Le respondí que no y al consultarle a ella me dijo que no me escandalizara pero que a veces hacía alguna pequeña fiestita con una amiga también casada y con SU SOBRINA!!!!

La verdad, quedé impactada y aprovechó para preguntarme qué me había parecido la chica. Le dije que en el fugaz momento que la había visto me había impresionado bastante bien, sin saber yo sus inclinaciones.

Comenzó a succionar otra vez mis pezones y a decirme si me gustaría tener una boca en cada uno de ellos. En mi excitación le dije que sí y cuando me preguntó si no me gustaría que fuera su sobrina le dije que sííí.

Se levantó de la cama, salió del dormitorio y me dijo ya vuelvo.

Y cuando lo hizo, al rato, entraron las dos. Victoria, la sobrina, con un soberbio cuerpo que no hacía aparentar la edad que tenía, que luego supe eran 17 años. Rostro aindiado, cabello enrulado largo, muy buenos pechos, cuerpo estilizado, cola no muy grande pero apetecible y una gruta sin depilar con no mucho vello castaño que no le quedaba mal.

Se acercó a la cama donde yo había quedado y me dijo “estás refuerte” y me plantó un beso bien jugoso al que respondí de igual manera. Se subió junto con Miriam y dijo que a ella primero le gustaba mirar lo que hacían otras dos mujeres para ir entrando en clima.

Comenzamos con su tía otra vez nuestros recorridos linguísticos mientras ella de rodillas en la cama comenzaba a masturbarse. Al rato tomando uno de mis pies se lo empezó a frotar por su cuevita, la que sentía melosa y bien calentita. Luego se dedicó a lamerme los deditos impregnados con mi jugo y a comerme todo el pie, lo mismo hizo con el otro mientras la tía, luego de una lamida bien experta, comenzaba a introducirme un vibrador no muy grande, pero sí muy movedizo en la vagina. Sentir eso y su lengua en mis pies me elevó a alturas pocas veces conocida pero terriblemente excitantes.

Luego la “nena” se prendió de mis pechos. Lo hacía un poquito torpe, no como su tía, pero con todo el ardor que uno pone a esa edad. Yo luego comencé a peinar sus rulitos genitales con mi lengua hasta llegar a su vagina. Ella hizo lo mismo con la mia. Ella abajo y yo arriba. De pronto sentí una lengua en mi colita y Miriam me preguntaba si se lo prestaba. Yo enloquecida le contesté que sí y comenzó a introducirme el vibrador por detrás. Mi agujerito posterior, que estaba superreceptivo, se amoldó rápidamente al “intruso” y así sumado a la lengua de su sobrina me hicieron gozar plena y totalmente.

Operación que repetimos con cada una de nosotras hasta quedar agotadas pero saciadas y contentas.

Lamentablemente una fiestita así no se volvió a repetir, aunque no desespero por ello.

Perdón si he sido muy extensa, no soy buena narradora.

Les quedo debiendo uno todavía.

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