Llevaba pantalones muy ajustados y tenía las piernas cerradas , le introduje la mano y se las aparté sin apenas resistencia, con un dedo comencé a acariciárselo muy superficialmente. Fue apenas un instante, porque rápidamente cerró las piernas y mi mano quedó atrapada, apreté fuertemente la parte interior de su muslo e intenté abrirle las piernas de nuevo, pero ahora sí encontré resistencia. Me miró, sonrió, me retiró la mano guiándola por su vientre. Me quedé totalmente empalmado y sin nada que tocar.

Como dije antes solo verla me ponía, no podía evitarlo y ella, además lo sabía. Seguimos saliendo otros días, y con un grupo de amigos fuimos a una discoteca. Cuando llegó “el agarro” (que tiempos aquellos) me sacó a bailar. Nos apretamos fuertemente el uno contra el otro, más que un baile era un abrazo. Sentía contra mí sus enormes tetas y su pierna, contra la que apretaba cada vez más fuerte mi polla. Yo sentía a su vez su coño pegado a mí. Ambos nos apretábamos y quedamos enlazados y yo empalmado. A veces yo me movía buscando sentir su deliciosa raja. Fue un baile caliente, caliente y con el continuo frotar y frotar casi estuve a punto de correrme. Baje mi mano para tocarle su coño pero nuevamente me la apartó. Aquello me desinfló (física y mentalmente) y cuando salimos cada uno se fue a su casa.

El caso es que al margen de la charla y el tonteo, nada de nada, ella no se decidía y yo tampoco y lo que era peor la tarde se iba consumiendo y yo con ella. Era invierno y ya casi anochecía, hablamos donde ir y ella entre risas me dijo que conocía una tetería muy tranquila y confortable, no muy lejos de allí. Y allí nos encaminamos, serían sobre las 6 de la tarde. A mí me daba igual cualquier sitio.

Y era cierto que era un sitio tranquilo y confortable, con mullidos cojines. Pedimos nuestros respectivas bebidas. No podía esperar más, e intenté besarla. Ella esquivó mis labios. El juego seguía. Bueno yo insistí. Y poco después nuestros labios y lenguas se fundieron. Estuvimos besándonos muchísimo rato sin hablar y sin parar. Para descansar un poco junte mi mejilla con la suya y su lengua se introdujo en mi oreja y empezó a moverse por sus recovecos. El placer que sentía era enorme y y cambiando la posición fui yo ahora quién introdujo la lengua en su oreja. Deseaba con todas mis fuerzas introducírsela en todos y cada uno de sus agujeros. Seguimos con este placentero juego bastante tiempo, alternando boca, orejas y cuello.

Otra pareja entró y eso interrumpió nuestra tarea. Paramos y nos bebimos el té, ya casi frío. Con los labios ahora mojados nos besamos nuevamente. Fuera hacía muchísimo frío, dentro podríamos haber derretido cualquier cosa. La otra pareja se marchó y mi mano empezó a deslizarse por sus pronunciadas curvas. Mis dedos de dirigieron nuevamente hacía su coño, pero separándose de mí, me dijo que aquello eran lugares prohibidos. Esta frase siempre se me quedó grabada. Bueno, seguimos con nuestros magreo. Ya eran casi las once y ella tenía que coger un tren hacía su casa. Salimos y durante el trayecto de 15 o 20 minutos apenas si hablamos. Me dijo que quería tener un relación, digamos sería. Pero eso no era mi idea. Sinceramente, y a pesar de lo mucho que me ponía, a mi me movía simplemente el deseo, creo que a ella también, pero supongo que quería algo más.

Me había sentado justo enfrente suyo, sin haberme percatado de que el marcado coño que unos ajustados pantalones de licra marcaban le pertenecía. Mi añorado y prohibido coño. Ella me saludó y fue entonces cuando me percaté de que era precisamente ella. Y como si el tiempo no hubiese pasado me volví a empalmar, bueno había engordado bastante, pero eso incluso me ponía más. Sus tetas, sus muslos… sus bragas marcadas…. Ahora vivía en un pueblo a unos 40 kms de mi ciudad, pero casualmente aquel día tenía que pasar primero por la casa de sus suegros que estaba no muy lejos de mi barrio. Tenía pensado coger un autobús pero yo me ofrecí a llevarla. Nos montamos en mi coche y charlamos de las banalidades habituales. El cinturón de seguridad marcaba sus enormes tetas y y su camiseta dejaba entrever unos pezones totalmente erectos. Al llegar a su portal hice que el coche se calase, para tener la oportunidad de parar. Ella tenía que recoger alguna cosa y coger un nuevo el tren aproximadamente dos horas después.

Empecé a masturbarla con todas mis fuerzas, sentía como sus labios crecían con mis impulsos y sus flujos empezaban a mojarla y a mojarme. Le introduje mis demos en el interior de su vagina y cuando iba directo a su clítoris me paró en seco y me sacó la mano de su sexo.

Me condujo hacía la cama, empezó a desnudarse, primero se quitó el sueter que llevaba, después se quitó los pantalones, tanto las bragas como el sujetador eran negros y de un tejido casi transparente que dejaba entrever sus pezones y su raja. Era uno conjunto, muy sexy la verdad y ambos de una talla menor de la que necesitaba con lo que sus tetas aprisionadas luchaban por escaparse e igualmente las bragas apenas tapaban su sexo y se le metían por su raja dejando ver su vello no demasiado abundante. Un conjunto de esos que se utilizan para las ocasiones, y desde luego que era una ocasión, aunque evidentemente no inicialmente prevista para mí. Me acerqué e intente besarla pero me paró en seco (me temí nuevamente lo peor). Me dijo que éste era un asunto sin besos, que lo que deseaba es que le comiera el coño y que se la metiera por todos sus agujeros. Se tumbó sobre la cama, se quitó las bragas y se abrió completamente de piernas frente a mí. He de reconocer que me recreé mirándola. Cerró las piernas y las volvió a abrir. No tuve dudas y me avalancé desesperamente sobre su húmeda y rosada raja. Me hizo tumbar boca abajo y avanzando sobre mí se sentó sobre mi cara, apretando firmemente sus nalgas contra mi cabeza. No podía ver nada, empezó a moverse y frotar su coño sobre toda mi cara.

Se incorporó suavemente y situada sobre mí y de espaldas, cogió mi pene y se lo introdujo completamente, hasta el fondo, sentía su culo sobre mis nalgas y su vello púbico contra el mío, sentía su calor, su suavidad y su humedad, era ella la que subía y bajaba, yo la acometía con fuerza y no tardé demasiado en correrme y vaciarme totalmente dentro de ella. Ella se corrió nuevamente. Nos levantamos, fuimos al baño, primero ella, luego yo. Miré el reloj, a ella le quedaba apenas una hora para coger el tren y mí el ese mismo tiempo para metérsela por la boca y por el culo. Quería probar todos sus agujeros.

Cuando volví, la pillé sentada en la cama poniéndose las bragas, seguía con el sujetador y sus tetas caían y me percaté que todavía no había disfrutado de ellas, de esas suculentas tetas y de unos pezones que casi gritaban. La tumbé y ahora fui yo quien fue avanzando por su cuerpo hacía su rostro. El sujetador era de cierre delantero, se lo desabroché, y apreté con mis manos sus dos tetas contra mi polla totalmente armada, seguí avanzando y le metí mi polla en su boca. Ella empezó literalmente a mamármela, apretando con fuerza su parte inferior y chupando igualmente fuerte la punta del capullo, dentro, fuera, dentro, fuera. Siguió jugueteando, me acariciaba los huevos, los lamía, volvía a metérsela en la boca y succionaba con fuerza. Hacía poco que me había corrido y podía recrearme sin problemas. Me la saqué de su boca, ella abrió los ojos hasta entonces cerrados, me la cogió nuevamente, un mamada más y mi leche se desparramó entre sus labios.

Era casi la hora. Empezó a vestirse y le recordé que me había prometido todos sus agujeros … Me dijo que teníamos que irnos, que tenía que coger el tren y que tenía que atender sus responsabilidades, y hoy además le tocaba follar con su marido. Ahora entendía lo de la ropa interior. Ya se había puesto las bragas. Me incorporé y me puse detrás de ella, le comencé a masajearle las tetas y besarle la nuca. Le dije que yo la llevaría y que podríamos aprovechar mejor el viaje. Dudó un momento, y me dijo que vale. Salimos, cogimos el coche y empezamos nuestro viaje que no debía durar más de 45 minutos, pero con el colchón del tren teníamos casi dos horas. Por carretera era mucho más corto. Eso me daba tiempo para recuperarme y terminar la faena.

Salimos y charlamos nuevamente de banalidades. No era fácil sacar un tema de conversación en aquellas circunstancias. Ya apenas quedaba unos minutos para llegar, al destino. íbamos muy bien de tiempo. Desvié mi coche a hacia un lugar apartado. Nos miramos, me desabroché la cremallera del pantalón y mi pene se hizó totalmente por encima del calzoncillo. Ella se quitó los pantalones. Eché le asiento del coche para atrás y ella se sentó sobre mí, le aparté sus bragas. Me cogió la polla y me la llevó hacía su culo, pero cogiéndola la mano me llevé la polla hacía su coño y le dije que quería metérsela nuevamente, pero ahora cara a cara. La verdad es que me daba igual, pero quería dejar un asunto pendiente… Sentí todo su placentero peso sobre mí, comenzó a comerme las orejas, algo que me encantaba y que hacía genial y ambos nos agitamos sin dejar de besarnos, de chuparnos la lengua y buscar todos los recovecos en el interior de nuestras bocas. Ella se corrió antes que ello, pero seguía agitándose y agitándome la polla. Yo no quería correrme, quería recrearme en algo que estaba llegando a su final. No pude más y me derramé otra vez en su interior. Se desplomó sobre mí y así estuvimos exhaustos varios minutos.

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