Maritza era una chica que le gustaba vestir con jeans de muchacho con los dobladillos hacia arriba, unos calcetines blancos y zapatillas deportivas, una sudadera y una chamarra de color café oscuro, con el pelo corto y un copete de frente, muy a la moda de los años 60. Le gustaban las motos y siempre andaba comprándose revistas de novedades al respecto, por lo demás era una chica enérgica y ruda, siempre tosca en la forma de hablarte y en el trato. Pero así y todo, muy solicitada entre las chicas, las llevaba a las hamburgueserías y a tomar helado, las invitaba al cine y si acaso aprovechaba la complicidad de la oscuridad para besarlas.

A pesar de su rudeza era muy burlona y ocurrente, tenia ingenio y eso le bastaba para cautivar, siempre se la veía en compañía de chicas del segundario, al parecer le gustaban las chavitas bien desarrolladas y echaba sus ínfulas precisamente dirigidas hacia ellas. Para mí, no dejaba de ser una marimacha, pero tenía atractivo y me cautivaba, soñaba con que me invitara a tomar un helado o que me lleve a mi casa, aunque ya no era una chava de segundario claro. Eran sus ínfulas y su forma ruda de tratar lo que atraía y no sólo a las más jóvenes, pues se sabía que mujeres maduritas, incluso casadas, la andaban buscando por las noches para pasar un rato con ella.

Fue una noche cálida de verano, en la que decidí salir a divertirme sola, ya que todas mis amigas dijeron estar ocupadas, quise ir al parque de diversiones pues habían anunciado unos juegos nuevos, entonces me monté en mi bici-moto y me dirigí al parque. Una vez ahí, me percate que Maritza estaba allí, y como no iba a estar si ella siempre está donde está la diversión, la seguí muy de cerca con la mirada, casi y se podría decir que la estaba asechando, cuando hubo la oportunidad y coincidimos en los juegos de tiro al blanco, fue que me le acerqué, y aunque nadie nos había presentado, me atreví a hablarle, de inicio sostuvimos una charla frívola y no fue hasta que ella tocó el tema de las motos que le dije –sabes yo tengo una bici-moto, reaccionó muy confundida diciéndome – qué, y cómo es eso, y pasé a explicarle que era como una bicicleta con pedales y todo, pero que tenía un motor y un tanque de gasolina y que funcionaba como una verdadera moto. Reaccionó incrédula, entonces fue que la llevé a que la conociera, debo confesar que no le gusto para nada y cuando le invité a que fuéramos a dar una vuelta en ella dijo: -Esto es un juguete y yo no me subo. Se hacía a las rudas, pero me dio la clave para convencerla:

-tienes dinero, me dijo.

-claro, respondí.

Entonces se subió a lo que ella consideraba un juguete. Se montó al asiento de atrás y me puso las manos en la cintura, de inmediato sentí unas cosquillas en los costados como si me estuvieran subiendo unas hormiguitas, encendí el motor y partimos. Me propuso ir por una hamburguesa entonces fuimos a un restaurante de comida rápida y ahí charlamos un rato. Como ya se hacía tarde le pedí que me acompañara a casa, accedió sin hacerse de rogar, entonces pagué las hamburguesas y salimos del restaurante. Nos montamos nuevamente en mi bici-moto, puso otra vez las manos en mi cintura y le dije que se sujetara con fuerza, lo que quería en realidad era que me abrace para poder sentir sus pechos y se aferró con fuerza hacia mí pero no los sentí, sin embargo le arrimé más el culito hacia sus entrepiernas, pero no sabría nunca si lo sintió y si eso le agradaba o no.

Una vez en mi casa, la invité a pasar, entró y con toda confianza se puso cómoda en el sillón y me pidió una cerveza; se la serví, luego seguimos charlando, era muy ocurrente y me la pase bien, pero a medida que pasaba más tiempo a su lado, me sentía más atraída hacia ella y comencé a entrar en confianza tocándole las mejillas y las manos, ella no paraba de hablar así que le cerré la boca con un beso, se quedó muda por unos segundos y luego me preguntó si tenía más dinero, tomé mi bolso aprisa y saqué 80 pesos que me habían quedado del cambio en el restaurante y se los entregué. Se guardó el dinero en los jeans y me dijo que se iba a quedar un rato más si así lo quería.

Sin decirle nada, la tomé de la mano y la conduje al dormitorio. Nos pusimos cómodas al filo de la cama tomadas de las manos y mirándonos, cara a cara. -Me gustan las travestís y mucho mejor si son putas, le dije y le eche una risita, me miró con enojo y enfurecida me dijo, -mira, lo de travesti te lo paso, pero puta, sabes, si me vuelves a decir puta te reviento la cara. Cerré su boca con mis dedos y me puse de espaldas para acurrucarme a su pecho. Nos quedamos calladas por un instante y como no se atrevía a tocarme, entonces comencé yo el ataque. Me puse de pie y la rodeé hasta ponerme en su espalda, apoyé una rodilla sobre la cama, la tomé por la quijada y le asesté un beso, puso su mano sobre mi muslo y supe que cedía a mi insinuación, entonces salte sobre la cama y la llamé a mi encuentro, subió conmigo y me beso. –Quiero quitártelo todo, le dije y ella me dijo –y yo voy a poder verlo todo. Respondí – no sólo vas a poder verlo, sino poseerlo.

Hice que se volteara, le bajé los pantalones hasta los muslos. Traía unos calzones largos que parecían short, entonces ascendí por su espalda con las manos por debajo de su sudadera y volví a descender hasta el borde de su calzón, como no opuso resistencia metí mis manos a su trasero, comencé a tocar sus redondas nalgas de arriba hacia abajo, oprimí con fuerza esas nachitas y luego hice que su calzón resbalara hasta abajo de los dos glúteos. Eran redonditos no muy voluptuosos pero igual me gustaban y me atreví a separarlos, se agachó un poco y vi su hoyuelo, se notaba que ya había sido muchas veces penetrada, pues cuando se agachó se le abrió un poco. No quise rajárselo enseguida así que decidí seguir con la incursión, me aferré más a su cuerpo y se atrevió a rozar una de sus mejillas en mi cara, mis manos alcanzaron su vientre y ya nada me detendría para que termine de bajar su calzón y descubriera su sapito, asomé la vista hacia su parte delantera y abrí su prenda, a primera vista se veía todo poblado de vellos, pero cuando se lo bajé por completo pude divisar donde comenzaba la abertura de su vagina y eso me excitó bastante, metí la mano de inmediato y se lo comencé a tocar; ella se hizo hacia atrás y me cubrió con su pelo, para sacármelo de encima con la otra mano la tome por el cuello y me apresuré a besarla en la boca, luego, baje mi mano hacia su pecho, ella sacó mi otra mano de su vagina y la puso en su otro pecho. Cuanto más estaba disfrutando de tocarla, hizo que la soltara para voltearse y me miro a los ojos, se sonrío y yo también lo hice, ambas nos besamos y comenzó a sacarme la blusa, dio con mi sostén y empezó a tocarme encima de él, luego me lo desabrochó y a medida que destapaba mis tetas comenzó a metérselas a la boca, me hizo gemir y la cubrí con un fuerte abrazo por la nuca, luego se agachó más y metió la lengua en mi ombligo, eso me produjo unas cosquillas que provocaron que la soltara. Me hizo sentar con las piernas hacia adelante bien abiertas y con ella arrodillada en medio de ellas, me abrió la bragueta del pantalón y comenzó a explorar con su mano dentro de mi calzón, me hacia gemir fuerte, entonces yo también puse una de mis manos sobre su vagina y me di cuenta que ambas estábamos mojadas con nuestros flujos, di con su clítoris, quise tocárselo pero de inmediato retiró mi mano diciéndome –no, yo lo hago, y comenzó a hurgarse el clítoris que ya estaba salidito, pero se lo tocaba con furia de abajo hacia arriba, parecía como si quisiera sacárselo más hacia afuera, como si no supiera lo que estaba haciendo.

Como se había puesto bien excitada, subí su sudadera para dar con sus tetas que no parecían muy grandes tras su sostén, ella sola se lo quitó seguido de su sudadera por supuesto, ciertamente sus tetas eran pequeñas y estaban algo caídas, pero igual comencé a mamárselas por los pezones, me dejo hacerlo un buen rato, después quiso bajarme el calzón junto a mi pantalón pero como mi posición obstaculizaba que lo haga, con agilidad levantó mis piernas hacia arriba y por poco caigo de espaldas, pero pude soportar el peso de mi dorso apoyada en mis codos, como pudo se dio modos para sacarme los zapatos, el pantalón y mi calzón, me jaló por los muslos y esta vez sí asenté la espalda y separando aún más mis piernas y con éstas totalmente suspendidas en el aire como las de una contorsionista, comenzó a devorar mi conejito, me hizo soltar gemidos tan fuertes que parecía una leona rugiendo, metía la lengua enérgicamente, lamía separando los pliegues de mi vagina y sorbía mis secreciones, mientras tanto sus manos recorrían mis pechos, yo estaban totalmente extraviada entre sus rudas caricias y sus fuertes lamidas.

Después de eso, hizo que me diera vuelta y que me pusiera de cuatro entregándole mi culito, ella lo abrió y paladeó su centro con su lengüita, me hacía estremecer todo el cuerpo y esa lengua no se cansaba de pasar y repasar por todo mi culo, más tarde me hizo apoyar sobre mis piernas, pegó su cuerpo al mío y me tomó con las manos por el vientre y comenzó a darme con su vagina. Sentí, (en mi culo) como se iba humedeciendo su vagina, empujaba con furia esa húmeda vagina hasta el fondo de mi culo, las dos gemíamos casi al mismo tiempo y ella me seguía encajando con fuerza haciendo que mis nalgas se separen para dejar que su vagina llegue hasta el centro de mi culo. A lo así, aparecí totalmente de cuatro con las rodillas sobre la cama y las manos también apoyadas sobre la cama mientras ella seguía sobre mí culo, aprovechando que estaba cabalgando sobre mí, comenzó a darme de palmadas en las nalgas con furia haciéndolas sonar, cuando volteé a verme tenía unas marcas rojas con las marcas de su mano.

Me deje adiestrar como una más de sus colegialas, y cuando bajó la intensidad de nuestras excitaciones le pregunte –así se lo haces a tus colegialitas, ella se rió y me respondió –ahora te lo estoy haciendo a vos. Se separo de mis pieles dejándome en la posición de cuatro, se puso frente a mí y agarrando mi cara por las sienes con las dos manos, comenzó a enterrarme en la boca su conejito que estaba muy húmedo y que traía una mezcla de sus secreciones junto a las mías propias, me daba con fuerza y para que baje la intensidad con una de mis manos tomé una de sus nalgas y la aprisioné hacia mí. Me arrodillé por completo, hasta eso ella se volteó y me dijo –ahora sigue tú con mi culo, y acercó su trasero hacia mi cara, yo no dude en tomarlo y comencé a besárselo y tampoco dude en meterme hasta el fondo como ella lo había hecho con el mío, aproveché en meterle un par de dedos por la vagina a lo que la muy puta comenzó a moverse con furia descontrolada y a chorrearse con sus flujos sobre mis dedos. Después aflojé la penetrada y saqué uno de mis dedos, pero como ya la traía cediendo a todo manoseo, entonces apenas saqué el dedo se lo metí al hoyo del culo sin sacar el otro de su vagina y mecí la mano a modo de que la estimule por ambos agujeros, la putilla reventaba de placer gimiendo.

Para terminar se dio vuelta y me tumbo sobre la cama de un empujón, hizo lo propio boca abajo entrelazando sus piernas con las mías, se apresuró en agarrarme de los muslos para separar más mis entrepiernas y fue acercando su sapito al mío para juntarlos, me lo juntó con frenesí y al primer toque nuestros jugos vaginales se mezclaron y comenzamos a sobar nuestros sapitos, nuestros vellitos se estaban dando el gran remojón y nuestros labios vaginales se encontraban y se combinaban, nos estábamos disfrutando la una a la otra de una manera inaudita que nos puso a gemir a las dos como locas, meneábamos y meneábamos nuestras partes una hacia la otra para darnos más placer, nuestros fluidos se desbordaban incontrolablemente y aquello parecía ya desenfrenado, más cuando ella me dijo –méame, vamos méate encima de mi vagina, yo le dije que no iba a hacerlo y ella estaba muy perturbada en su excitación, así que insistió y prácticamente me obligo a hacerlo, entonces separé un tanto mi vagina de la suya, ella separó sus labios vaginales con la mano y entonces solté el chorro, no sé si para ella fue una experiencia nueva pero para mí sí lo fue. De pronto, me ensimismé dentro de mí misma, percatándome de lo que estaba haciendo y me dije –estoy mojando a otra chica, no lo podía creer pero lo estaba haciendo y encima de su vagina, al mismo tiempo me intrigaba lo que ella estaba sintiendo dentro de sí misma, con mi chorrito calientito mojando su partecita, fue una sensación poderosa muy dentro mío que me turbo por completo en una sonrisa, pero después del chorro ya no quise soltarme más, así que nos desprendimos incorporándonos al mismo tiempo, yo todavía estaba turbada por la experiencia, ella exhalando un suspiro se lanzó sobre la cama con la cabeza sobre la almohada y yo hice lo mismo, concluimos dándonos unos besitos y allanándonos una vez más nuestras vaginas y entre beso y beso, entre allanada y allanada, entre risa y risa, mirándonos a los ojos, nos fuimos relajando poco a poco. De un agarrón me subió encima de su cuerpo y nos abrazamos fuertemente, con sus manos comenzó a acariciar mi pelo y así amanecimos las dos juntas.

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